SOLAR 15 - 2 2019 copy

Volumen 15, Número 2

¿EXISTE REALMENTE LA FILOSOFÍA LATINOAMERICANA?

Puede parecer un pleonasmo. O más bien una pregunta ya absurda a estas alturas de lo avanzado. La ya vieja (y magnífica) disputa entre los maestros Augusto Salazar Bondy y Leopoldo Zea fueron el clímax de una manera de concebir el pensar desde Latinoamérica. Por supuesto, hay diferentes corrientes de interpretación sobre la agenda de la filosofía latinoamericana. Tal vez la más conocida sea la denominada filosofía de la liberación que aún tiene a varios de sus representantes vivos y en actividad. Pero también es momento de que las nuevas generaciones de filósofos hagan un balance y liquidación, como sostenía Luis Alberto Sánchez.

Sin una revisión crítica de lo que ha sucedido a la fecha, es posible que pasemos a un estado acrítico, confortable o simplemente lleno de retórica incendiaria y maniquea. Es fácil pasar por revolucionario en estas tierras a punta de lecturas populistas, retórica barata y un poco de tendencia mesiánica. La tentación por ser un redentor es casi una característica de nuestros intelectuales. Esa vocación salvífica es prácticamente una tendencia marcada en la teorización. Claro, ante una evidente desigualdad social, cualquier discurso conmovedor por una lucha justiciera puede parecer inevitable. Es por ello que la filosofía debe estar atento a esos tipos de discursos mesiánicos.

Pero no solo con ese formato ideológico, sino también con los relatos encubridores de la inequidad social y más bien defensora de un neoliberalismo a ultranza. Todos los extremos deben ser enfrentados. Es decir, un filósofo en silencio puede ser cómplice de un sistema de cosas perverso. Claro, hay formas de parecer ajeno a una posición cuestionadora. Hay quienes buscan refugiarse en entrampamientos más bien cercanos a la filología. Comprensible académicamente y en el sentido más barroco. Pero cuestionable socialmente. Un filósofo latinoamericano ajeno a una reflexión sobre la vida, sobre las circunstancias, sobre lo que nos está sucediendo, debería repensar su propia vida en general. Es prácticamente inmoral ignorar la compleja situación social en las que estamos inmersos.

Entonces, la pregunta de a qué se dedica actualmente la filosofía latinoamericana requiere de una respuesta de la misma comunidad filosófica. Considero que está estancada. Que son las mismas ideas las que están circulando. Que es necesario implosionar parte de nuestra comodidad intelectual para que el ejercicio dialógico y de discusión permanente sea más bien una característica y no la excepción. Ya los maestros que idearon asuntos como el decolonialismo, la liberación, están en franca retirada. Están muriendo físicamente. Y siempre los discípulos nunca están a la altura. Las viudas intelectuales son de lo más reaccionario que hay. Eso no significa dejar de reconocer sus aportes valiosos y, en su momento, provocadores, acaso forzosos. Pero el horizonte no es muy alentador si fueran lo único que tenemos, en cualquiera de sus variantes.

Lo que sí es claro, en ese nubarrón académico, que es momento de que las nuevas hornadas de filósofos latinoamericanos planteen las agendas, que la salud del filosofar está prácticamente en sus manos y cerebros.

Rubén Quiroz Ávila

Director

Editorial