SOLAR 1

Número 1

“Las reflexiones constantes, la lucidez permanente, el ejercicio continuo del pensamiento hacen que tengamos la responsabilidad de presentar investigaciones, intuiciones, traducciones, modos de ver la realidad, ensayos que motiven o sean muestra de meditaciones y planteen cierta necesidad de un espacio real y vital para el establecimiento de una comunidad dialógica. Esto significa que buscamos, en la colectividad en la que estamos insertos, cumplir roles de interlocutores, asiduos al intercambio de opiniones, pareceres, visiones, revisiones. Además, en nuestro país, ello corresponde a las esferas de la sociedad que tienen que poseer un sentido ético y de compromiso con los procesos históricos y discursivos. Luego de las feroces luchas internas políticas y la dictadura fujimontesinista, en una terrible etapa de posguerra, tenemos todavía que padecer la deplorable situación de la filosofía universitaria, la palidez institucional por las regiones del pensamiento. Queremos repensar (para usar una urgencia ineludible mostrada por el profesor David Sobrevilla) nuestros procesos de transmisión del conocimiento humano y más todavía en una región donde se acentúa la mezquindad cultural.” (Quiroz, 2005, p. 3)

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